Luego de una serie igualada, que no se veía por donde se
pudiera destrabar Nacional y Junior tuvieron que llegar al punto penal en el
estadio Atanasio Girardot donde él Rojiblanco se clasifico con un marcador
final de (4-2) este sábado.
Cuando me preguntaron esta semana si lo veía adentro de las
finales, respondí: que sí; porque este Junior a pesar de todos sus errores y defectos
tiene carácter, amor propio y un objetivo claro, pese a que muchos sigamos
sufriendo partido a partido.
Hoy la espina que el hincha tiburón tenía
clavada en el pecho por las finales anteriores pudo salir, porque esta vez tuvo
ese plus, que en las anteriores falto y porque aunque no era favorito pudo
meterse y dañar la fiesta que muchos ya iban planeando.
Vi como en muchos encuentros, un primero tiempo bien
manejado, con la pelota al pie, haciendo triangulaciones efectivas y tirando
balones filtrados para quedar frente al arco rival; sin embargo, el segundo
tiempo el equipo hizo su habitual repliegue, pero aun así supo controlarlo.
Tengo que destacar el trabajo de todo un equipo que se ganó
el derecho con sudor de la frente y esfuerzo de su espalda estar en la final
pero es para apremiar lo de Jarlan Barrera que ya no le pesa el 10 como en las
primeras jornadas donde se le veía sumiso y esquivo con la pelota.
Y es que hoy pese a que a muchos no nos guste y hubiéramos criticado
tanto a Alexis, debemos estar agradecidos con su labor porque es difícil ver a
un Junior que se está acostumbrando a llegar a finales.
Ya son 3 finales seguidas dos de liga y una de copa eso ya
dice mucho de todo el trabajo que ha realizado en un equipo que pone a sufrir a
muchos pero que al final está regalando felicidad y buenos resultados; entonces
tiene razón al decir que desea más acompañamiento por parte de la hinchada.
Para finalizar debo resaltar que todavía queda una serie, un
último round antes del clímax de la victoria y se debe afrontar con la mayor
responsabilidad sea cual sea el rival y la cancha, hoy ya no vuela solo un ángel
sino todo un plantel por la gloria.


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